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Ayuntamiento de Siero: el poder frente al pueblo

Carta al director.

Publicado el 04/03/2018

Por triste que sea reconocerlo, hay que decir que la trayectoria política del  Ayuntamiento de Siero se ha venido caracterizando más por su enfrentamiento a las reivindicaciones ciudadanas que por su actitud favorable, o cuando menos dialogante, hacia las mismas. Esto es aquí una tradición que se remonta hasta los primeros tiempos de la transición, cuando costó dios y ayuda levantar el basurero pirata de Santolaya porque el ínclito regidor municipal acostumbraba a “despachar” consultas y reivindicaciones con el perro debajo de la mesa. Era socialista, lo mismo que el de ahora, aunque ni uno ni otro tengan nada que ver con la ideología de Pablo Iglesias, más bien al contrario, porque ¿cómo se puede concebir un gobernante socialista que desprecia las legítimas demandas del pueblo tras haber sido elegido? No son socialistas, son como mucho “sociatas”, por decirlo al estilo forgiano.

El último episodio de la larga serie de enfrentamientos, el que estamos viviendo en estos momentos, se refiere a la decisión municipal de cerrar el antiguo matadero, que en los últimos años se ha venido utilizando como centro cultural en el que se han llevado a cabo, de forma gratuita y autogestionada, cientos de actividades lúdico-educativas, que solamente podemos calificar como muy valiosas y recomendables. Actividades diversas, que van desde el apoyo académico a la población infantil más desfavorecida económicamente hasta la celebración de conciertos musicales dirigidos a los jóvenes. (Aunque no sean incompatibles, hay que reconocer que no a todo mundo, y menos a los jóvenes, les gusta ir a escuchar una ópera o un concierto de música clásica en el Auditorio). Así es que el alcalde, siguiendo su estilo autocrático y su forma despótica de ejercer la política, ha decidido eliminar de un plumazo toda la actividad cultural que se venía desarrollando en el Matadero, utilizando como excusa barata la avería eléctrica causada por la tormenta hace un par de semanas. Señoras y señores de la Corporación, esa decisión os salpica y os contamina a todos, pues se trata de una medida lo suficientemente grave como para no hacer oídos sordos a la misma. Denota un desprecio intolerable, o cuando menos, una absoluta falta de sensibilidad hacia las carencias endémicas de dos sectores muy vulnerables de la sociedad sierense. En primer lugar los jóvenes: a cualquiera con un mínimo de sensibilidad tendría que dolerle la situación verdaderamente trágica y desesperada en que se encuentran nuestros jóvenes, sin posibilidad de encauzar laboralmente su vida o de alcanzar una digna emancipación. ¿Qué ayuda les ofrece el Ayuntamiento? Absolutamente ninguna, antes al contrario, les quita lo poco que tienen. Y es triste, porque el Matadero, mínimamente adecentado, podía ser una excelente Casa de la Juventud que paliara, en alguna medida la falta de libertad y de alicientes en que se halla sumergida.  Nuestros jóvenes necesitan espacios de encuentro, de comunicación, de intercambio de ideas y de valores, que los tienen. Un ayuntamiento mínimamente sensible hacia esta problemática –y que no esté instalado en el pasado- debería prestar la máxima atención a cualquier iniciativa juvenil relacionada con la cultura musical o simplemente con el ocio ocupacional. Y confiar en ellos, sabiendo que la confianza genera responsabilidad, responsabilidad que han demostrado sobradamente a lo largo de los cuatro años de utilización del Matadero.

Otro sector especialmente sensible es el de la comunidad gitana. Pues bien, para este colectivo el Matadero ha significado en los últimos años una vía de inserción, de convivencia pacífica y de integración social a través de la participación en diferentes actividades: apoyo escolar, principalmente dirigido a niñas y niños de primaria, administración de ropero, banco de alimentos, talleres de costura, de teatro, de informática, etc. Un Ayuntamiento incapaz de valorar todo esto, más valdría que presentara la dimisión. Los elegidos para el gobierno municipal deberían recordar cada día de la legislatura (y no solamente la víspera de las elecciones) que la acción política es, antes que nada, servicio a la ciudadanía, y que, por tanto, su obligación es atender y remediar en la medida de lo posible, los problemas y necesidades de la población.

Afortunadamente el espacio del Matadero es lo bastante amplio como para poder atender diversas demandas sociales y acoger múltiples actividades que se podrían agrupar (es simplemente una idea) en tres secciones independientes: Casa de la Juventud, Casa de Asociaciones, donde poder celebrar sus reuniones las diferentes asociaciones del concejo, y Casa de Acogida para atender situaciones de emergencia o casos de extrema necesidad.

El Matadero es patrimonio del pueblo y, por ello, debe servir a los intereses y necesidades del pueblo. Mantenerlo en las mejores condiciones de habitabilidad nos parece una obligación municipal insoslayable. Dejar que se arruine el edificio para convertirlo en pasto de la especulación inmobiliaria será una irresponsabilidad imperdonable.