Beatriz Álvarez: “Podría decirte los nombres de todos los vecinos desde el Puente Vieyo a la carretera”

Publicado el 04/08/2016
El tapin Beatriz Álvarez: “Podría decirte los nombres de todos los vecinos desde el Puente Vieyo a la carretera”

La Cofradía de Nuestra Señora del Buen Suceso de El Carbayu eligió el pasado año como pregonera de las fiestas del 2016 a la Licenciada en Derecho, Beatriz Álvarez. La pregonera nació en Oviedo en el Sanatorio Blanco, pero es de Lugones de toda la vida igual que su familia, porque creció y vivió en el Puente Vieyu en el barrio de El Carbayu hasta que se casó, que fue a vivir a Oviedo y en la actualidad reside en La Fresneda.

La casa de El Carbayu pertenece a su familia materna y allí residieron todos juntos sus abuelos y sus padres, además por parte de madre tenía tres tíos, los dos varones fallecieron este año y la mujer hace unos cinco años. Su tía Charo vivía con su marido, Marcelino, en las casas de La Avilesina, que eran unas viviendas construidas por su bisabuelo pasando Casa Fran en dirección a Avilés. Tenían una única hija que era su prima Mariel y las dos crecieron juntas, incluso mucha gente ha llegado a pensar que eran hermanas, “mis tíos estaban siempre en mi casa y nosotras somos como hermanas, sólo iban a dormir a La Avilesina. Fuimos al mismo colegio, nos vestíamos iguales y salíamos juntas. Mi prima vive con mi madre, aunque hace unos años se trasladaron a vivir a Lugones, porque mi madre tiene 84 años y no es lo mismo estar en el centro con todos los servicios que en el Puente Vieyu”, recordó.

Sus otros dos tíos maternos, sus mujeres y sus otros primos estaban siempre en el Puente Vieyu, siendo este el núcleo familiar. “Uno de mis tíos vivía en Lugones y otro en Oviedo”, apuntó. Beatriz estudió en las escuelas de El Carbayu y después junto a su prima fueron a las Dominicas, donde estudió desde los seis años hasta el COU, cuando acabó hizo Derecho en Oviedo, donde conoció a su marido. “Cuando acabé Derecho comencé a trabajar en el bufete de un primo, por parte de padre, que es abogado laboralista y después me puse por mi cuenta, hace 12 años, pero la relación es muy buena. Llevó ejerciendo 32 años”, recordó.

Beatriz estudió Derecho por pura casualidad, ya que en un primer momento su idea era estudiar Biología en la rama de investigación, incluso hizo el COU por la rama de ciencias. En su época se tenía que hacer una preinscripción en las oficinas de la universidad de Oviedo, que estaban ubicadas en la antigua facultad de Derecho en la calle San Francisco, subiendo hacía la facultad, y la hizo en Biológicas y su amiga del alma quería estudiar Historia del Arte, que quedaba detrás de la Catedral, donde la iglesia de la Corte y al día siguiente tenían que ir a pagar la matrícula a cada facultad, fueron juntas y pagaron la matrícula de su amiga y después iban a pagar a Biológicas, que estaba en Llamaquique , “cuando llegamos a la altura del Parque San Francisco mi amiga me dijo que estábamos muy lejos, y no nos podríamos ver en las horas libres, y me comentó que porque no estudiaba Derecho que estaría más cerca y pensé que no me iban a dejar cambiar la preincripción, pero al llegar allí me dijeron que sí y estudié Derecho, de no haber sido así no hubiera conocido a mi marido, ni hubiera tenido a mis hijos, mi vida sería completamente diferente”, explicó. La abogada aseguró que fue una carambola de su vida, de la que está muy contenta, ya que esa fue su vocación, pero en este momento si volviera a nacer sería de nuevo abogada, porque le encanta lo que hace. “La vocación depende de la persona, porque te va gustando la profesión con el tiempo, a medida que vas aprendiendo más en el trabajo día a día. Esta es una profesión apasionante”, apuntó.

Beatriz se dedica fundamentalmente al derecho laboral y matrimonial, “cuando empecé me especializaron los clientes, con mi primo lo que más aprendí fue laboralista y luego me apunté al turno de oficio y los casos que más me llegaban eran matrimoniales, llevo la misma cantidad de casos de las dos cosas”, apuntó. La lugonense acude a su despacho a las 9 de la mañana y se marcha para su casa a las nueve menos cuarto de la noche, pero el horario oficial para atender a los clientes es por la tarde de 16.30 a 19 horas.

La pregonera aseguró que el Carbayu desde su niñez no ha cambiado a penas, porque sigue conociendo a toda la gente, “podría decirte los nombres de todos los vecinos desde el Puente Vieyo a la carretera. Lo que más cambio fue la caleya del Barro, que ahora se llama la Avenida del Buen Suceso. No cambió casi nada aunque llegaron nuevas generaciones”, afirmó. Beatriz considera fundamental que los niños sigan jugando en la calle en El Carbayu, tal y como se hacía hace unos años atrás. “Yo jugaba en la calle y cogía la bicicleta y marchaba de excursión con la merienda a la parte de atrás del puente de Renfe a un prado, era otra vida y había calidad”, comentó. La abogada siempre fue a las fiestas hasta que se casó y recuerda perfectamente el montaje de las fiestas, las amigas que bajaban a dormir a casa y lo pasaba en grande. “Cuando empezamos a ser mayorínas y teníamos algún noviete el fin de semana de las fiestas del Carbayu era sagrado y nos quedábamos allí”, destacó.

Beatriz come todos los fines de semana con su madre en La Fresneda y reconoce que es su marido el que pasa horas y horas en la casa del Puente Vieyu, porque le encanta cuidar el prado, la huerta y segar los árboles.

La abogada recuerda que en las fiestas de El Carbayu siempre tuvieron una consigna en su casa tanto sus abuelos como sus padres, “a las fiestas del Carbayu hay que ir porque si no van los del pueblo quien va a ir, yo iba encantada pero hubo un antes y un después tras la muerte de mi padre”, recordó. Beatriz adoraba a su padre, que falleció de un cáncer, “mi padre estaba muy enfermo en las fiestas del Carbayu del año 1998 y me acuerdo que entré en la fiesta con Lorenzo y mis dos hijos y me preguntaron muchas personas por el estado de mi padre, que falleció el 20 de agosto y ese año las fiestas cayeron el día 1. Desde ese año estuve muchos sin ir, porque para mí no eran lo mismo sin mi padre y no estábamos para fiestas”, comentó. Beatriz volvió a acudir a las fiestas hace cuatro o cinco años.

En el pregón recordará a muchas personas, sus vivencias, anécdotas y su niñez en El Carbayu. “Me acuerdo de que todos mis tíos venían todos los días de las fiestas a comer a mi casa y el día del bollu había un menú especial, venían amigos que no tienen ninguna relación con Lugones, pero venían a comerlo a casa de Beatriz”, recordó. Beatriz recuerda que este año fue duró porque murieron sus dos tíos con un mes de diferencia, “mi tío Germán que vivía en Lugones, me decía llegaremos para ver el pregón, pero no fue posible porque le dio un ictus”, aseguró.