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La primera vez que Alejandro Rubio fue a las fiestas del Carbayu fue en el año 1945 cuando tocaba en la Banda del Regimiento del Milán

Publicado el 08/04/2019
El tapin La primera vez que Alejandro Rubio fue a las fiestas del Carbayu fue en el año 1945 cuando tocaba en la Banda del Regimiento del Milán

“Empecé a la escuela a los 5 años hasta la comunión y después nos separaban por sexos, las niñas iban para una escuela y los niños para otra. Los profesores eran un poco rectos y nos ponían derechos como está mandado. Me acuerdo que cuando éramos un poco más mayores nos gustaba ir al baile Ripio y cuando se enteraba el maestro al día siguiente nos hacía bailar con las chavalas allí delante de todos en la escuela”

“Regresé porque allí había dejado a mi amor, Faustina Aguado, con la que me casé el 30 de mayo de 1951, y tuve allí a mis tres hijos. En mi pueblo me dediqué a la construcción como autónomo”

El vecino de Lugones, Alejandro Rubio Alonso, es el Jubilado Mayor que homenajeará el viernes 12 de abril la Asociación de Jubilados y Pensionistas de Lugones, en el restaurante La Torre en Pruvia. Rubio nació el 27 de octubre de 1924 en un pueblo de Valladolid, Villavicencio de los Caballeros, es el cuarto de seis hermanos, cuatro eran hombres y dos mujeres, su padre era labrador por cuenta ajena y su madre cuidaba de los hijos y se encargaba de la casa.

Fue allí a la escuela y recuerda que eran 230 alumnos en aquella época, entre niños y niñas, pero a día de hoy no hay escuela y los chavales tienen que desplazarse a Villalón de Campos los cuatro niños que están en edad escolar. “Empecé a la escuela a los 5 años hasta la comunión y después nos separaban por sexos, las niñas iban para una escuela y los niños para otra. Los profesores eran un poco rectos y nos ponían derechos como está mandado. Me acuerdo que cuando éramos un poco más mayores nos gustaba ir al baile Ripio y cuando se enteraba el maestro al día siguiente nos hacía bailar con las chavalas allí delante de todos en la escuela”, comentó.

Rubio recuerda que en el propio pueblo había tres bailes y tres bares, “en Castilla se miraba mucho la jerarquía, por eso el que era rico no se trataba mucho con los pobres y ahora han cambiado las tornas”, opinó. Fue con 15 o 16 años cuando formó parte de la charanga de los pequeños en el pueblo, que se conocía como “La Banda de los Pequeños”, donde tocaba con un hermano suyo, recorrieron todos los pueblos de los alrededores. Alejandro tocaba el clarinete, porque le había enseñado Florencio Rubio, que era el organista de la iglesia de su pueblo.

Esto le permitió entrar a formar parte de la Banda del Regimiento del Milán en Oviedo cuando le tocó hacer el servicio militar, que le llevó a recorrer toda Asturias con tan sólo 20 años, “La primera vez que vine a tocar a las fiestas del Carbayu fue en el año 1945. Estuve dos años y medio en la mili, además traje a mi hermano también para que hiciera aquí la mili en la banda del Milán”, recordó. Dentro del servicio militar vivió el fin de la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, en esta última no le dejaron salir de permiso para ir a su pueblo durante 18 meses, sólo se daba permiso a los asturianos porque estaban en casa.

En la mili incluso aprendió a tocar la gaita gallega para la banda, porque se creó una sección de gaitas y era la que mejor encajaba porque era más melódica, ya que la Asturiana era demasiado chillona, “incluso enseñé a un compañero de Moreda, Enedino, a tocarla también para que pudiera formar parte de la agrupación musical con 14 años, porque era huérfano de la guerra y allí estaba recogido. Nos hicimos grandes amigos y desde ese día siempre que nos vemos vamos a tomar una botellina de vino”, comentó entre risas.

El homenajeado recordó que los músicos tenían pase en la mili para salir y entrar cuando quisieran y los sargentos les tenían mucha envidia  y les decían “allí van los chuletas para fuera”, recordó entre risas. Rubio iba en esas salidas al parque San Francisco a hablar con las mozas que estaban allí cuidando a los niños.

Cuando acabó el servicio militar volvió a su pueblo, “regresé porque allí había dejado a mi amor, Faustina Aguado, con la que me casé el 30 de mayo de 1951, y tuve allí a mis tres hijos. En mi pueblo me dediqué a la construcción como autónomo”, explicó.  

Pero su hermano se quedó en Asturias y se retiró de Subteniente y Rubio vino para Asturias con toda la  familia a trabajar en el año 58 en una empresa de montajes eléctricos, cuando estaba a medio hacer Ensidesa. La empresa en la que comenzó era Isolux y acabó su carrera profesional en Isastur, “yo era el corre obras, porque estaba de subalterno, cuando hacía falta ayudaba en la oficina y cuando no me mandaban al almacén”, apuntó.

Se retiró en Isastur, tras vivir en la calle Rúa en Oviedo gran parte de su vida hace 22 años se vino a vivir a Lugones junto a su mujer con su hijo mayor y se inscribió en la Asociación de Jubilados y Pensionistas de la localidad el 29 de abril de 1997, “yo me apunté diciendo la verdad que era de Valladolid y estaba empadronado en Oviedo y me aceptaron sin dudarlo”, aseguró.

Rubio tiene tres hijos, cuatro nietos y dos biznietos, en este momento pasa su tiempo en un bajo pequeño que usa de taller, cuida a sus dos jilgueros, hace puzles y pasa sus raros libres. Enviudó hace 16 años, se hace su propia comida, hace las labores de la casa y lee el periódico. Además viaja al pueblo cuando le llevan en Semana Santa o verano.