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Carta al director. La Cooperación o la parte pobre de los presupuestos

Publicado el 26/11/2017

 Recién entrada la democracia, ya en la década de los 80, un nutrido grupo de asturianos – al igual que en el resto de comunidades-, que participábamos en movimientos y plataformas de solidaridad, reivindicábamos que las instituciones destinaran de los presupuestos públicos el 0,7% para cooperación internacional tal y como la propias Naciones Unidas recomendaban. Fueron múltiples las acciones llevadas a cabo: encuentros institucionales, sentadas, acampadas, manifestaciones, campañas de sensibilidad y un largo etcétera. Fue así como se empezaron a arrancar compromisos que poco a poco fueron traduciéndose en proyectos guiados por las propias ONGs o las contrapartes en los países de origen.

En general hemos quedado lejos de esas recomendaciones de NN.UU, ya que la mayoría de las instituciones públicas siguen mirando para otro lado o destinan porcentajes muy lejos de esa cifra mágica del 0´7. Pocos se salvan siendo la excepción que no la regla.

Lo curioso es que hace 10 años los partidos políticos firmaron un Pacto de Estado contra la pobreza que apelaba al “imperativo ético, social, político y económico” sin que nada de esto tenga aplicación, acaso pensando en que el papel todo lo soporta y las declaraciones son eso “declaraciones” para la galería.

El que fuera Presidente de la Comisión  Europea hasta finales del 2014, el portugués José Manuel Durao Barroso, criticaba que los estados miembros no dudaran en rescatar a los bancos  y sin embargo no tenían el menor reparo en recortar las ayudas a la cooperación internacional.

De aquellos años iniciales a hoy, la cooperación se ha reducido más de un 50%, argumentando en buena parte de los casos, la tan cacareada crisis económica, mientras aumenta el presupuesto militar, sigue despilfarrándose dinero en eventos y gastos suntuosos o se es incapaz de perseguir el fraude millonario. Dicho de otra forma, la “crisis” no justifica en absoluto el comportamiento de los países ricos que lo somos gracias a las materias primas que importamos de esos países a precio de ganga y que aquí multiplican su valor para mantener el stand de vida que nos hemos dado.

Otro grave error ha sido instrumentalizar la cooperación con intereses empresariales que en algunos casos violan los derechos sociales, expolian y esquilman los recursos naturales, originando en muchos países del Sur desplazamientos forzados de la población-generalmente campesinos- con todo lo que ello implica para quien tiene en ese medio su hábitat natural.

Más de mil millones de seres humanos viven con menos de 1,5 € al día según el Banco Mundial y nosotros mirando para otro lado.

Juan Luis Vallina Ariznavarreta